Mi vergüenza lleva una sonrisa por vestido,
la reconozco y me hace sentir imbécil,
se acomoda justo detrás de mi mirada de esperanza,
se esconde entre mis palabras de aliento y molesta a mi optimismo ante las situaciones deprimentes.
A mi vergüenza no le agrado, ni quiero agradarle,
sin embargo estamos destinadas a vivir en el mismo cuerpo y hacer un esfuerzo por levantarnos juntas cada mañana,
Se empeña en desnudarse en las noches solo para mí,
y la contemplo,
y me invade,
y es inevitable quedarme junto a ella hasta que logra asfixiarme de tan cerca que la tengo de mí.
Me habla, me detesta y desata mis miedos,
y me recuerda lo inmunda que soy casi siempre,
sabe en donde pisar fuerte para no dejarme escapar.
Vive y soy yo.
Y me tendrá suya siempre,
aunque el día la vuelva torpe y se sienta bondadosa como para dejarme respirar libremente por 16 horas.
Vive y soy yo, y tú más que ella.
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